El tomillo, una planta sagrada en la antigüedad, uno de los mejores remedios en la actualidad.

            El tomillo, thymus vulgaris, nuestro querido”timonet”, tan conocido y utilizado por todos los amantes de las infusiones, es un gran remedio que nos regala la naturaleza. A veces lo conocido y familiar es lo que, por cercano, menos valoramos, y buscamos plantas inmunoestimulantes que vengan de lejos (como la echinácea de norte América), o remedios cuanto menos elaborados como antisépticos (como el ajo negro), o remedios exóticos como expectorantes y balsámicos (como la drosera, una planta carnívora),…. parece que lo lejano, curioso o exótico sea siempre mejor, más potente o más eficaz. En el caso del Tomillo, no es así, el tomillo es uno de los mejores inmunoestimulantes, antisépticos y balsámicos, no nos hace falta hacer kilómetros ni buscar remedos exóticos, el mejor es nuestro tomillo, ese que tapiza el suelo de nuestras sierras con su mata de pequeñas flores aromáticas, aportando, color, belleza y aroma a nuestros montes.

            El tomillo era una planta considerada sagrada por los antiguos por sus potentes beneficios, no solo físicos, sino también emocionales, pues se decía que el tomillo aportaba fuerza y serenidad. Los egipcios conocían su poder antiséptico y lo utilizaban como remedio para las dolencias respiratorias, pero también para embalsamar en los procesos de momificación pues ayuda a su conservación, pero además porque pensaban que el tomillo aportaba fortaleza y guía para que el espíritu del difunto pudiera encontrar el camino a la otra vida y tuviera la fuerza y templanza necesaria para seguirlo.

            El pueblo griego contaba que el origen del tomillo fue cuando las lágrimas de la bella Helena de Troya cayeron al suelo: sus lágrimas hicieron brotar la primera mata de tomillo. Decían que el tomillo aumentaba la temeridad y fortaleza, por eso sus guerreros solían llevar en la coraza un ramillete de tomillo.

            Esta creencia fue heredada por los romanos quienes antes de la batalla quemaban tomillo y bebían la decocción de esta planta para aumentar la fuerza y gallardía de sus soldados.

            En la cultura Celta el tomillo también era una de sus planta sagradas, en todos los rituales se solían quemar ramilletes de tomillo para purificar el ambiente antes de las ceremonias. En estas culturas y todavía hoy en Irlanda y Escocia, a la infusión de tomillo se la llama la “infusión de las hadas” y se dice que si tomas esta infusión y te quedas a dormir en los bosques especiales donde habitan las hadas y los duendes, tendrás sueños en los que podrás verlos y si necesitas respuestas, estos seres te las darán a través de los sueños.

            El prestigio del tomillo como planta sanadora viene de muy lejos, los antiguos egipcios lo usaron, Hipócrates y Dioscórides lo nombran, con él se lavaban las heridas para evitar infecciones y lo recomendaban en las dolencias de pecho. Galeno lo nombra como remedio antiséptico, para los dolores articulares y también para los males de pecho. Una planta asociada a Venus y al elemento agua. Los antiguos espagiristas llamaban a Venus la señora de la proliferación, y recomendaban sus plantas para la proliferación de los malos humores, lo cual coincide la mayoría de las veces con lo que hoy conocemos como proliferación de infecciones bacterianas.

            El tomillo ha sido también usado desde siempre para conservar los alimentos y se incluye en muchas recetas de cocina, por su buen aroma y sabor y por sus propiedades antisépticas y digestivas.

            Hoy en día sabemos que el tomillo es un poderoso antiséptico e inmunoestimulante. El tomillo es una planta muy aromática, precisamente porque es muy rica en aceite esencial. Su aceite esencial es rico en timol, tuyanol, carvacrol, principios activos altamente antisépticos e inmunoestimulantes, es por eso que el uso del tomillo estaría indicado para todo tipo de infecciones (infecciones intestinales, digestivas, de orina, infecciones del árbol respiratorio, infecciones de piel, etc) *.

            El tomillo también es rico en Flavonoides, de los cuales destaca la  quercetina y rutina, rico en vitamina C, aminoácidos y minerales (hierro, cobalto, calcio y magnesio) y contiene ácidos orgánicos: cafeíco, nicótico, rosmarínico,… que le aportan propiedades antioxidantes, remineralizantes y analgésicas. Podemos hacer un alcohol de tomillo o un ungüento de tomillo para calmar los dolores aplicándolo de forma local tópica.

            El tomillo es un buen balsámico y expectorante, indicado para suavizar las irritaciones de mucosa y las toses secas e improductivas.

            También es un buen digestivo y antiespasmódico. Tal vez esta propiedad se conozca menos porque el tomillo como digestivo es eclipsado por nuestra manzanilla, pero también es un buen digestivo, y si hay infección (colitis infecciosa, helicobactery,…) puede ser una gran ayuda.

            Como vemos el tomillo se ha ganado su fama como planta sanadora muy merecidamente.

            El tomillo, una planta humilde y bella queda color y aroma a nuestras montañas, el tomillo, una planta poderosa que aporta salud y bienestar a nuestro cuerpo y fortaleza y serenidad a nuestro espíritu.

*Recordad siempre que nunca jamás debemos utilizar las plantas para cambiar o suplir ninguna medicación, el uso de las plantas no es sustitutivo de las recomendaciones de su médico, y nunca jamás unas propiedades enunciadas en general son útiles para todos los individuos y todas las dolencias. Que aquí digamos que el tomillo es un potente antiséptico nunca jamás quiere decir que podamos sustituir la toma de un antibiótico por una infusión de tomillo, hay infecciones que pueden ser muy serias y dejarnos secuelas importantes. Hagamos un uso responsable de las plantas.

Rosana Ferre

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