Desde las diferentes y diversas áreas de intervención sociosanitaria se poseen herramientas y técnicas que ayudan al terapeuta a realizar una intervención sobre la persona que acude a consulta, pero eso no garantiza que nuestra intervención sea lo más beneficiosa posible para nuestro cliente.

Todas las investigaciones sobre el efecto transmisor de las expectativas, actitud, creencias, valores, estereotios y experiencias previas del terapeuta hacia el paciente están demostradas y se transmiten de manera inconsciente a nuestro cliente, sobre quien se transfieren tanto nuestras prácticas  como nuestras intenciones y estado anímico. Con ello me refiero tanto a aspectos que pueden ser medibles y observables como a los efectos que se producen dentro del ambiente terapéutico: por ello es tan importante atender a los aspectos previos a la consulta, como a todos aquellos que se producen durante la misma. Una buena sepsis favorecerá de manera positiva la ayuda que el cliente necesita.

Algunos factores clave en este sentido son: el ambiente de la consulta, la actitud del terapeuta, escucha activa, empatía y conocer los límites, limitaciones y el ritmo de nuestro cliente para poder acompañarle de manera efectiva en su proceso de cambio.

El ambiente en la consulta: me refiero al ambiente físico. Es importante que el espacio sea neutro y bien distribuido en cuanto a la disposición del mobiliario, limpio, cuidado y atendiendo a factores como temperatura de la sala, luz, sonidos, música ambiental, perfumes, etc. Un buen equilibrio entre estos factores es fundamental para que nuestro paciente se sienta cómodo. El objetivo es que pueda relajarse en un ambiente cálido.

La actitud el terapeuta: es un factor clave y que no debemos ni olvidar ni descuidar en ningún momento. Es importante y saludable que cada terapeuta se conozca y trabaje con algún otro profesional su proceso vital para poder entender y ayudar a los demás y así intervenir desde las mejores condiciones posibles. Pensar que uno siempre está listo y que a él no le hace falta, es un error típico. Todos estamos continuamente en procesos de cambio a los que debemos adaptarnos y aceptar.

Una vez el terapeuta ha realizado su propio trabajo personal de aceptación  y equilibrio es cuando está en disposición de empatizar con el cliente y realizar una escucha activa que le permitirá recabar los datos necesarios para plantear la estrategia terapéutica. Empatizar hace referencia a entender y aceptar aquello que el cliente está experimentando sin juzgarlo y hacerlo de manera activa es principalmente atender tanto a lo que esta diciendo como a lo que no está diciendo pero está expresando mediante sus gestos y su tono de voz. La comunicación no verbal normalmente da más pistas y establece de manera más fiable los signos y los síntomas disfuncionales que aquellos discursos que el cliente nos comunica después de haberlos procesado de manera racional y haberlos “adaptado”.  Es importante entrenarse en este tipo de técnicas observadoras de la realidad del cliente porque si tenemos en cuenta que las emociones se experimentan mucho antes que aprendemos a expresarlas de manera verbal, también puede ayudar tener en cuenta que intervenir a nivel de éstas, será más directo que hacerlo a otro tipo de nivel más elaborado.  La observación en sí misma constituye uno de los factores diagnósticos de la Medicina Tradicional China. La MTC se basa principalmente en la observación minuciosa de nuestro cliente, de su lengua, del pulso, de las sensaciones de frio/calor, de los signos y síntomas, de la intensidad y localización de los diferentes signos,  del color y olor de la piel, las mucosas, el cabello…Una detenida observación nos permitira elaborar un plan terapéutico óptimo para la persona que acude a nuestra consulta.

Nuestro cliente al fin y al cabo es el protagonista de nuestra terapia, y en este sentido, debemos, antes de empezar cualquier actuación, tenerlo en cuenta y conocer sus prioridades y su objetivo, sus límites y sus limitaciones. Contar con él y preparar con él nuestra intervención es primordial para conseguir que él sea una parte activa del proceso y por tanto sea agente activo y se convierta en parte responsable de su cambio. Si conseguimos la implicación de nuestro cliente en su proceso de cambio, tenemos muchas más posibilidades de éxito.

Es muy probable que en la práctica de nuestras terapias, el terapeuta observe otras áreas que podríamos considerar prioritarias o con necesidad de nuestra intervención. Llegada esta situación es muy importante no olvidar lo primero que determinamos con nuestro cliente: el motivo de su consulta. Por ello, siempre atenderemos primero el motivo que le ha llevado a pedirnos ayuda y en segundo lugar, trataremos de intervenir con las demás áreas que consideremos importantes para facilitar y acompañar su proceso vital o situacional.

Con estos conceptos básicos espero haber ayudado un poco a organizar aquello que todos sabemos, pero que en la mayoría de las ocasiones, se nos escapa a la hora de ayudar a los demás.  Son aspectos básicos de los que podemos obtener más información y más detallada en cualquier espacio especializado en terapia.

Llúcia Gregori i Català

Psicóloga colegiada CV-09485

Estudiante de Tercer Nivel de Medicina Tradicional China

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